Ramón “el moncho” Otazo: el último expedicionario del Chaco que navegó los sueños

El Chaco profundo tuvo en Ramón Oreste Otazo, conocido por todos como Moncho, a uno de sus más apasionados exploradores. Naturalista, autodidacta, expedicionario, fotógrafo, boxeador, poeta, y por sobre todo un enamorado de la tierra chaqueña, Moncho dejó un legado invaluable que fue reconocido oficialmente cuando se lo declaró Patrimonio Cultural Viviente de la Provincia del Chaco. Su vida fue una expedición en sí misma, marcada por la curiosidad, la aventura y el compromiso con la identidad del monte y sus secretos.

Un origen humilde, una vida extraordinaria
Nació el 31 de agosto de 1944 en la Colonia «La Chiquita», Departamento Comandante Fernández, bajo la jurisdicción de Presidencia Roque Sáenz Peña. A los tres años, su familia se trasladó a la ciudad Termal, donde completó su escolaridad primaria. Sin embargo, su formación nunca se detuvo: fue un autodidacta apasionado, que se construyó a sí mismo entre libros, vivencias y largas caminatas por los senderos más inhóspitos del Chaco.

Desde muy joven trabajó en La Tienda La Capital. A los 15 años comenzó su carrera como pugilista, y a los 20 se radicó en Buenos Aires donde fue boxeador profesional, entrenando en el Club Huracán y llegando incluso a pelear en el mítico Luna Park. Sin embargo, pronto se desilusionó del ambiente pugilístico y se alejó de los cuadriláteros.

En Buenos Aires también trabajó como fotógrafo de eventos sociales y realizó tareas de taxidermia, adquiriendo habilidades que luego aplicaría en sus expediciones y proyectos educativos.

El río como camino, el monte como guía
Fue en 1968, con 24 años, cuando Moncho inició la primera de sus 66 expediciones, una travesía legendaria: unió Presidencia R. Sáenz Peña con Resistencia, navegando por los ríos Teuco, Bermejo, Paraguay y Paraná, en una canoa construida por él mismo con troncos ahuecados de palo borracho y ataduras de sauce. Lo acompañó Londra Alonso, y juntos caminaron el último tramo hasta Resistencia.

Así comenzó una vida de exploración que duró 41 años, con expediciones en solitario o con jóvenes de distintas provincias, recorriendo todo el Gran Chaco Sudamericano. Su objetivo fue claro: explorar, investigar, documentar y transmitir.

Legado: imágenes, palabras y enseñanzas
Su archivo personal es monumental: 10.000 diapositivas, 4.000 fotografías en papel color y más de 200 horas de video. Parte de este material fue mostrado en escuelas, universidades y encuentros culturales, donde Moncho también brindó charlas y conferencias.

Participó en documentales y películas, escribió notas periodísticas, poesías, fábulas e historias, y recopiló su experiencia con una mirada crítica y profundamente humanista.

Un adiós físico, un legado eterno
Moncho falleció el 10 de junio de 2014, luego de una larga enfermedad. Sin embargo, su legado sigue vivo. Sus historias aún navegan los ríos, habitan los caminos del monte, y se encuentran en la memoria de quienes alguna vez lo escucharon contar sobre sus viajes o lo vieron partir hacia lo desconocido con su mochila, su cámara y su cuaderno.

¿Conociste a Moncho?
Si alguna vez escuchaste su voz, viste alguna de sus fotografías, o caminaste por alguno de los senderos que él descubrió, sos parte de su legado. Moncho no sólo fue un expedicionario: fue un puente entre el ser humano y la naturaleza chaqueña, un narrador del silencio del monte, un testigo del alma del río.

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