Cuando Orianna Cárdenas era apenas una niña en Valencia, Venezuela, jugaba a ser actriz en los pasillos escolares. Las luces del escenario parecían un espejismo lejano. Hoy, con 25 años, se la reconoce en las calles de Buenos Aires por su papel en El Eternauta, una de las ficciones más vistas de Netflix, donde comparte escenas con figuras como Ricardo Darín.
Criada junto a sus hermanas por su padre tras la muerte de su madre, su adolescencia estuvo marcada por la necesidad de postergar el arte. En una Venezuela golpeada por las carencias, el teatro debía esperar. Recién al terminar el colegio, entre cortes de luz y estanterías vacías, comprendió que debía tomar otro rumbo. Así llegó a Argentina, tierra que ya albergaba a su hermana mayor y que ella conocía a través de novelas que miraba con admiración.
Al principio, su destino parecía otro: se anotó en Diseño de Indumentaria en la Universidad de Buenos Aires, trabajó como recepcionista y vendedora, se desdobló en rutinas ajenas a la actuación. Pero su pasión estaba latente. Se anotó en talleres, hizo publicidades, modeló. El escenario, silencioso, la esperaba. Hasta que un día, llegó una convocatoria que pedía algo específico: una actriz venezolana.
La desilusión acumulada casi la convence de no presentarse. Pero envió las fotos. A partir de allí, una sucesión de llamados comenzó a construir el camino que la llevaría a interpretar a Inga, un personaje nuevo dentro del universo de El Eternauta. Bruno Stagnaro, el director, le dio libertad para imprimirle identidad. Así, la voz de Orianna, cargada de caribe y ternura, se volvió parte del relato postapocalíptico argentino.
Mientras el mundo descubría la historia del héroe colectivo, ella esperaba con paciencia. Fueron casi dos años entre la grabación y el estreno. Durante ese tiempo, continuó trabajando en una aseguradora de viajes. «Aún no vivo de esto», confesó. Pero su cara ya estaba en la pantalla, y su nombre circulaba entre los usuarios que la recordaban de un infomercial de joyas nocturno que, de pronto, volvió a viralizarse.
El rodaje también le regaló vínculos. Ricardo Darín se convirtió en figura clave, no solo por su prestigio, sino por su calidez. En uno de los aniversarios de la muerte de su padre, el actor la acompañó en silencio, con un cigarrillo compartido y palabras de consuelo. «Fue como un papá para mí», admitió Orianna, con voz emocionada.
Inga, su personaje, representa a quienes buscan pertenecer, a los que llegan de lejos y aportan con voz nueva a una historia colectiva. Y Orianna lo sabe. «Me llena el corazón recibir mensajes de venezolanos que se ven reflejados», comentó. Su sobrino de cuatro años, fanático de la serie, también la mira con ojos de héroe.