Sáenz Peña Chaco – Una historia que combina rutina, azar y un olvido que dolerá por mucho tiempo.
Un apostador saenzpeñense que jugaba siempre los mismos cinco números en la Quiniela Poceada chaqueña no podrá olvidar jamás el sorteo del sábado. Se trata de una “fija”, como él la llamaba, una combinación que repetía cada semana: 17, 18, 19, 84 y 91. El jueves había realizado su jugada habitual, pero el sábado —por razones que aún no se explican— se olvidó de hacerlo.
La sorpresa fue mayúscula cuando se supo que esos cinco números fueron los que salieron sorteados el sábado. La Poceada quedó vacante, y los 238 millones de pesos del pozo quedaron sin dueño.
“Me quiero morir”, habría comentado el apostador a sus allegados, según trascendió en redes sociales. La persona , que prefería mantenerse en el anonimato, jugaba a esos números por una razón sentimental y porque confiaba en que algún día le iban a dar suerte.
El sorteo del sábado, que podía haberle cambiado la vida, se convirtió en una anécdota amarga. Mientras tanto, el pozo acumulado sigue creciendo, a la espera de un nuevo ganador… o de otro olvido.

