Jorge Capitanich, que tuvo un fugaz protagonismo en medios nacionales la semana anterior ante el surgimiento de su nombre para integrar el gabinete nacional, arrancó el lunes anunciando cambios en su Gabinete. Dos que ya habían sido adelantados: las carteras encabezadas por los candidatos Mariela Quirós (Instituto de Cultura, la reemplazó Francisco ‘Tete’ Romero) y Rodrigo Ocampo (Secretaría de Municipios, Ocampo ya renunció pero aún no se conoce el reemplazo).
El restante fue en el Ministerio de Educación, donde ya había existido un rumor de modificación hace unos meses pero luego no se avanzó. A la saliente Daniela Torrente la reemplazó Aldo Lineras.
Como el propio Capitanich ya había contado en conferencia pos paso que los candidatos que cumplían funciones en el Ejecutivo dejarían sus cargos, el único cambio de una ministra que no tenía tarea electoral denota que la cartera no estaba funcionando de la mejor manera y eso traía aparejado problemas para la gestión, lo que en un año electoral se traduce en votos.
Algunos sindicatos que aceptaron la oferta salarial en marzo coincidieron en dos cuestiones: que el cambio de nombre debe llegar con un cambio de política en materia educativa; y que en la gestión de Torrente fue difícil encontrar interlocutor para mantener el diálogo.
De esta manera, Capitanich tomó una ruta similar que el gobierno Nacional y que el gobierno de Provincia de Buenos Aires, entre otros, en el hecho de cambiar algunos nombres del Gabinete para retomar el rumbo hacia las Generales. Pero sí hay una diferencia sustancial: tanto en Nación como en Provincia de Buenos Aires admitieron que las nuevas figuras buscaban dotar de mayor sustento político al Gabinete y a la vez de más ejecutividad, algo que por ahora no se ve en Chaco.