Según una teoría importante, las brujas medievales usaban el hongo del cornezuelo del centeno o plantas como la belladona y la mandrágora para crear ungüentos y brebajes alucinógenos, que consumían como parte de sus rituales.
Las mal llamadas “brujas” experimentaban con plantas medicinales buscando calmar sus propios padecimientos (incluyendo dolores menstruales y otras cosas que los médicos de la época parecían no tomar en cuenta… porque eran hombres) y ayudar a otras mujeres. Esto estaba prohibido, era penado por la ley y, sobre todo, por la iglesia. De ahí a que practicaran sus creencias en secreto y se formaran grupos de mujeres que se reunían a estudiarlas, lo que los demás veían como “brujería” y las llevaban a la hoguera por ello.
Shakespeare muestra a las brujas cocinando un lote de brebaje en Macbeth. Aunque los fármacos podían tomarse por vía oral, los efectos eran mejores y más rápidos cuando se absorbían a través de la piel u otras mucosas (evitando así también el dolor abdominal que podía causar la ingestión oral).
Descubrieron que la mejor manera de absorberlo era aplicar el ungüento en los mejores lugares, el alucinógeno era aplicado en las zonas mucosas de los genitales. El efecto se elevaba al máximo sin producir vómito ni efectos secundarios. El placer venía acompañado de las alucinaciones, y así comenzaron a aplicar el ungüento usando el palo de la escoba para frotarlo en sus áreas íntimas.
Entonces esparcían la decocción sobre un trozo de madera liso y redondeado y luego lo ponían en el (área cálida y húmeda).
Un palo de escoba funcionó particularmente bien para este delicado esfuerzo.
No es difícil imaginar por qué algunos han llamado a esta práctica «montar en una escoba», especialmente porque las alucinaciones resultantes a menudo incluían la sensación de volar.
Las primeras evidencias de esto se encuentran en la investigación del caso de Lady Alice Kyteler, acusada de brujería, que data del año 1324:
“En el armario de la dama se encontró un envase de ungüento con el que asegura untaba un palo que luego montaba para pasar el ungüento a sus partes íntimas”.