El director técnico del Millonario se mostró reflexivo y habló de los momentos difíciles que tuvo que sortear a lo largo de su carrera. El refugio en la familia, por qué no puede ver series y no tiene redes sociales
– Para muchos esto nace ahora, hace siete meses que me presentaron, pero yo decidí ser entrenador muchísimo tiempo atrás. Cuando Ramón Díaz apuesta por mí como jugador amateur para darme la posibilidad de entrenarme con el plantel profesional, darme la posibilidad de debutar y a raíz de eso, empezar a crecer como futbolista y como ser humano dentro de una institución, la cual te prepara para la vida en tantísimas cosas. Entonces, para mí este presente que estoy viviendo ahora empezó en el 2000, 23 años atrás. Con esa posibilidad. Es cierto que posteriormente en mi carrera profesional invertí tiempo en capacitación, porque tenía bien definido en mis últimos años como futbolista que la vocación siguiente a la de ser jugador de fútbol iba a ser esta, la de entrenador. Entonces tenía bien en claro, por mi manera de ser, que tenía que capacitarme. A pesar de esa experiencia empírica que te da el vestuario como futbolista, tengo bien en claro que las dos cosas son muy, muy diferentes. Entonces, cuando surgió ese llamado, sentí que era el momento. Sentí que era el momento porque ya había pasado cinco años en invertir en preparación y coincidía con que podía armar un cuerpo técnico de muchísima calidad humana, de muchísima capacitación, con gran sentido de pertenencia con la situación. Se habían alineado todos los planetas para venir. La duda nunca existió. Y bueno, obviamente la conversación con River, la negociación, fue muy sencilla, muy rápida.
– En su momento dijiste que tu esposa Evangelina te preguntó si estabas seguro, si no estabas loco en arriesgar todo. ¿Cómo fue esa charla?
Mirá, ella sabe de mi esfuerzo en estos cinco años, de la capacitación. Está claro que como pareja, como matrimonio, como familia, como padre, como padres… hace 20 años que me había ido del país. Hace 15 años que estamos juntos con Evi, vamos por 16, muchos años viviendo en Europa, entonces era volver a empezar. Y para nosotros, a pesar de ser argentinos, de tener raíces y de familiares acá, nos habíamos desligado totalmente de la Argentina. No digo que había dudas, pero sí preguntas que había que poner encima de la mesa porque el desafío era importante, era grande, el cambio de vida era brusco. Entonces le pedí por favor que me acompañe. Le dije: “Yo con vos soy un gran entrenador, sin vos prefiero no ir”. Entonces, bueno, acá estamos, felices. Casualmente hoy nos mensajeamos e intentando vivir la realidad, que nos pudimos sacar una foto con un trofeo de River, que conseguimos siete meses después de haber llegado. Así que un motivo familiar muy, muy, muy grande, muy intenso, porque para muchísima gente sí hubo duda. “Por qué vas a venir ahora”, “por qué tanto riesgo”, “la vara está altísima”. Y bueno, yo lo entendía desde otro lado. Primero, que alguien tenía que asumir, hacerse cargo. Yo sentía que era el momento. Me sentía capacitado, no me había retirado recién de jugar al fútbol. Había pasado por varios lados como para ponerme enfrente de un grupo, donde no voy a tener dudas de lo que es mi metodología. No voy a tener duda de cómo caminar en un grupo de profesionales, porque dentro del cuerpo técnico son todos profesionales. El doctor, el kinesiólogo, los preparadores físicos, un jefe de prensa, los chicos de videoanálisis, los cocineros. Me sentía capacitado y preparado.