Detrás de sus ojos: el éxito de Netflix que causa debate con su final

El thriller inglés descoloca con sus giros sorpresivos. Suspenso que arrastra hasta el final pero puede desencantar. Eve Hewson, la hija del músico Bono, es una de las protagonistas

Dos cosas se comentan acerca de la miniserie «Detrás de sus ojos» por estos días: el final sorpresivo y el papel protagónico de la hija de Bono.
Filmada en Reino Unido y Escocia, la tira de seis episodios ganó popularidad en Netflix convirtiéndose en uno de los éxitos recientes de la plataforma. Pero no todos son elogios. De hecho hay una parte de los espectadores que estan furiosos con el final y algunos hasta llegan a calificarlo de discriminatorio. Quizás es ir demasiado lejos.
Sarah Pinborough, escritora premiada de novelas de terror y fantasía, escribió el libro en el que está basada la serie y que recibió elogios de autores como Neil Gaiman, Harlan Coben o John Connelly. El creador de la tira es Steve Lightfoot, responsable de «Hannibal» y «The Punisher».
La historia se centra en Louise (Simona Brown, actriz que participó en «The Night Manager»), una madre treintañera divorciada que tiene un hijo de siete años, y cada tanto se junta a tomar una copa con una amiga para cortar con la monotonía. En una de esas oportunidades, conoce en un bar a un hombre atractivo y de irresistible acento irlandés. Su nombre es David (Tom Bateman, «Snatched») y acaba de mudarse a la ciudad. Whisky va, copa de vino viene, con la charla llega el flechazo. Pero al día siguiente se enterará que es su nuevo jefe y que está casado. Así, se empieza a delinear un triángulo que tiene como otro de sus vértices a Adele (Eve Hewson, «The Knick»), la esposa de David. Joven, bonita y perturbada. El relato intercala flashbacks sobre el pasado oscuro de Adele donde aparece además su amigo Rob (interpretado por Robert Aramayo al mejor estilo «Trainspotting», actor al que interpretó al joven Ned en «Game of thrones»).
Sueños vívidos, internaciones psiquiátricas, adicciones, tragedias familiares y secretos guardados en pequeños cofres o en el fondo de un cajón van modulando el tono de la propuesta. Parte desde un comienzo más cercano al realismo, a la clásica historia de un affaire amoroso, para lanzarse después hacia terrenos menos ligados a lo terrenal, deambulando hacia el terror sobrenatural.
En cierta medida, ese volantazo de género contribuye al desconcierto del desenlace. Sin ahondar en detalles, para evitar spoilers, podemos decir que el final es bastante efectista, retorcido y que no se desprende demasiado orgánicamente del resto. Puede generar una sensación de manipulación, pero también habrá quienes queden fascinados con el giro inesperado. No se le puede pedir más que eso, la sorpresa. Tal vez su mayor falencia es no ahondar demasiado ni en temas ni en personajes. Mientras el final no llega la intriga se sostiene con algunos recursos muy bien empleados y otros no tanto. El espectador que quiere llegar hasta el fin tendrá que saber perdonar estos últimos.
La belleza gélida de Eve Hewson, la comentada hija de Bono, aporta carisma a la propuesta en un papel central y lo lleva más que bien. No es novedad para quienes la vimos como enfermera en The Knick, la brillante serie de Steven Soderbergh que ahora parece tan lejana.
Una propuesta que despierta curiosidad y puede mantenerte enganchado pero que no tiene satisfacción garantizada. A veces los sueños se convierten en pesadillas.

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