Con 82 años fallece Pelé: Símbolo supremo del fútbol espectáculo

Murió Pelé. Este jueves 29 de diciembre el planeta lo llora. Y no es para menos. Edson Arantes do Nascimento es uno de los exclusivos integrantes del Olimpo del deporte mundial. Aquel en el que sólo se pueden incluir nombres como Cassius Clay o Michael Phelps, Roger Federer o Usain Bolt. Para algunos, fue el más grande de todos (y no sólo del fútbol, sino de la suma de todos los deportes). Pero si ya de por sí resultaría arriesgado citarlo como “el más grande futbolista” –Maradona, Cruyff y Messi quieren sentarse en la misma mesa- directamente es imposible la otra comparación. A esa altura, la discusión sería interminable.

En cambio, es más grato y accesible repasar la inmensidad de su categoría de jugador, esa que se paseó por las canchas de todo el mundo por más de una década, que hizo del Santos una marca distintiva y que llevó a “su” Brasil a los peldaños más altos. Pasan los años, pasarán… y esa estatura futbolística resulta cada vez más impresionante. Y a la vez, es casi imposible de medir en cuánto a su influencia y dimensión popular.

Entre fines de los 50 y la década del 60, que marcaron “su” época, el fútbol y el deporte recién se convertían en una industria mediática, pero sin el impacto económico y comunicacional que tienen en nuestros días. Pelé fue el primer jugador que –entre su calidad natural y sus logros deportivos- se transformó en una personalidad total, global. El personaje, al menos deportivo, más famoso del mundo. Desde allí y por muchos años más, con las puertas abiertas por todos los presidentes, todos los Papas, todos los reyes, todos los magnates. Y también por el pueblo. Por su personalidad, carisma y juego fue un ídolo. Y hasta hoy, el único futbolista en la historia que pudo alzar la Copa del Mundo en tres campeonatos. Nada menos.

También el Santos ya era historia. El que había paseado su calidad o la demoledora dupla Pelé-Coutinho por los campos de todo el mundo, ya se tratara de compromisos oficiales como de los múltiples amistosos donde acumulaban copas, jugadas inolvidables. Y el dinero , mucho para la época. Al Santos, le costaría cuatro décadas -hasta la llegada de Robinho y Neymar- volver a los primeros planos internacionales. Las canchas argentinas disfrutaron (a veces padecieron) al Santos de Pelé por más de treinta veces.

Se tratara del Santos o la Selección, el magnetismo de Edson Arantes do Nascimento iluminaba por igual. Era la personalidad que eclipsaba todo y que podía codearse de tú a tú con los Kennedy, John Lennon o el Papa Paulo VI. Recibía un tratamiento de príncipe en cualquier rincón del mundo y, aún así, muchas veces hizo aflorar los recuerdos de aquella infancia más humilde o de las inferiores del Santos, generando cercanía con la gente. Idolo absoluto. A esta altura, muchas de las anécdotas ingresaron al terreno de la duda o de la simple leyenda. Por ejemplo, la que indica que Nigeria y Biafra detuvieron la guerra en 1969, sólo para verle jugar. En su autobiografía, el propio Pelé plantea dudas: “No sé si fue cierto”.

Quedará por siempre ese fútbol increíble, esa personalidad magnética, ese símbolo de época. Y que brilló especialmente en los Mundiales. Después de su fulgurante aparición juvenil en Suecia, sumó un nuevo título en Chile (aunque sólo pudo participar en dos partidos, por una lesión). Inglaterra 66 resultó una frustración, y que fue perseguido con saña por los rivales europeos. Pero la revancha en México 70 resultó contundente: una exhibición de fútbol y goles, partido a partido. Probablemente, la mayor de una Selección en la historia de los Mundiales. Y que el Brasil de Pelé sentenció por 4-1 ante una poderosa Italia en el Estadio Azteca. Final, final. Ni podía soñarse con una despedida mejor.

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