Bebes abandonados, cada vez se conocen más casos

bebesHabrá otros, muchos otros. Son los bebés recién nacidos, metidos en una bolsa de basura y tirados a alguna parte. Algunos son encontrados, no sé cómo. Un gemidito, algo que se mueve y alguien abren la bolsa.
Hace unos días fue en Capitán Sarmiento. Una bebita de horas con placenta y cordón, una noche de frío. Policía, hospital, médicos rápidos y eficientes tal vez conmocionados, con pocas palabras, las necesarias. Por una parte, la luz -vivía, vive, robusta, resistente-. Por otra, la sombra, la bolsa negra al nacer. No hace falta decir que se relacionó -aunque con menos fuerza que en el momento más caliente- con la guerra del aborto. Tiene que ver aunque no solamente con eso. Quizás, nada sea por una razón única. Lo cierto es que en ese punto, se produjo un hecho con antecedentes en situaciones así: en una hora, llegaron mil llamadas de adopción inmediata, además de los que las siguieron después.
Es casi propio de un embrollo en ocasiones oscuro adoptar en la Argentina. Hay normas, claro está, jueces, terapeutas, disputas entre adoptantes y arrepentimientos de biológicos aún después de la laberíntica operación. Los casos son muy dolorosos y los chicos ven aumentar su desamparo y su indefensión. Y hay, no lo dejemos a un costado, miles en instituciones, solos, dejados de todo. Chicos que esperan un rato de conversación, una caricia, un paseíto, aunque no se trate de la adopción hecha y derecha. Algo. No sé cual es la vida de los que no la encuentran hasta la edad adulta. Los adoptantes potenciales son numerosos y deben seguir el camino esbozado. Pero en ningún caso se produce tanta demanda de niñitos recién nacidos como cuando se encuentran tirados en la basura con la bolsa respectiva.
Es un fenómeno al que no vale la pena buscar explicación: es. La circunstancia puede ser, por intentarlo, la enorme difusión pública. Policías y médicos les ponen nombres y se produce una fugaz adopción a su alrededor. Después, se torna necesario seguir la normativa, las dificultades, las garantías, todo eso. No es nada improbable que alguien encuentre al recién llegado y se lo lleve a su casa sin decir nada. Ha de pasar del mismo en que han de pasar los imprecisables casos que viven un rato y acaban en los grandes basurales. Como, también, los que son vendidos y comprados como negocio, por desamparo, ignorancia, plata.
No sé cuál es la vida de los que no la encuentran hasta la edad adulta.
En estos asuntos cíclicos, tengo que detenerme un poco y ver qué es lo que ocurre. Y no lo descubro: las estrellas de Hollywood, adoptadoras al por mayor, prefieren chiquitos africanos y, algo después, de países asiáticos pobres y de gran corrupción que hacen las transacciones fáciles. Aquí, los más demandados y veloces son los bebés de bolsa.
Es un lugar extraño. A veces, asusta.
Por Mario Mactas